Cuando él despertaba primero,
me besaba, encendía la luz y se vestía con prisas. Antes de irse a la oficina, volvía a la cama y me daba tres besos más, y en cada pausa aprovechaba para añadir un sin fin de: te quiero te quiero te quiero... Se iba corriendo y siempre olvidaba la puerta abierta de par en par.
Cuando yo despertaba antes que él, no le besaba, cogía mi ropa, me vestía a oscuras, cerraba la puerta muy despacito y me iba.
La diferencia entre nosotros era que él me despertaba para decirme me quería,
y yo,
yo prefería verle dormir.